Pues a mí, señoras. A mí.
Sólo a mí se me podía ocurrir celebrar el bautizo de mi Little en pleno mes de febrero polar. Un sábado y por la tarde. Sé lo que están pensando, que no tengo corazón, que soy una madre perversa y despiadada… Qué van a ponerse mis invitadas????
Llámenme superficial, pero si alguien pensaba que el tema iba a versar sobre el menú infantil, recordatorios pastelosos, temperaturas de riesgo catarril, mesas de chuches y otras ñoñerías bautismales del estilo, es que anda un poco despistado y todavía no se ha enterado de qué va este blog…

Que les inviten a ustedes a un bautizo/comunión es un rollo soberano, admitámoslo. Por mucha ilusión que ponga la madre en encañonar los entredoses de macramé francés del faldón de herencia de valor incalculable. 
Más allá de que, normalmente, ni se sirven copas, ni hay baile y mucho menos posibilidades de pille, no se pueden ustedes venir tan arriba, fashionistamente hablando, como en una boda. Se espera de ustedes que vayan elegantes sin dar el cante. A eso súmenle querer estar chic de la muerte. Venga va. Tracatrá. Y ahora hagan el pino mientras recitan la antología poética de Rafael Alberti…

El principal problema es el momento estacional. Si van ustedes de compras acabarán por lucir vestido de gasa floreada con plumífero impermeable y botas de agua. Eso sí, sin medias. Por si acaso. Las rebajas agonizan y la nueva colección inspira escalofríos sólo con verla colgada…
Se acuerdan ustedes de la inversión abriguil que les aconsejé allá por noviembre? Pues ésta es un gran oportunidad para amortizarla. Ahora llorarán aquellas de ustedes que no me hicieron caso y yo les levantaré la ceja mientras niego en silencio con la cabeza… Si es que… 

Para aquellas que sollozan viendo que en el armario sólo cuelgan abrigos normales, aún hay esperanza. Un cuello de piel y unos guantes pueden darle un toque sofisticado sin demasiado esfuerzo. A ver, por si hay alguna de ustedes acaba de aterrizar de Marte: no vale que sean del mismo color que el abrigo. Un poco de esfuerzo… Piensen que luego van a reutilizar! Es la única bondad que tienen los bautizos!

Si no les convence el tema peletero, opten por una prenda barroca y combinen en modo sport: falda de piedras con jersey de punto. Apuesten por una combinación de colores poco habitual o vistan de blanco de arriba abajo. Esto último siempre funciona, aunque no les envidio el esfuerzo físico y mental que tendrán que desarrollar esquivando el chupachups de fresa de turno, la tartaleta de mousse de chocolate y otros dramas culinarios. Por su seguridad, apliquen este último outfit sólo en caso de que sea el primer churumbel de la familia y no haya ni primos ni hermanos de menos de 1 metro de estatura. Ni tíos lejanos con torpeza congénita tinto en mano.

Ya ven. Al final no es tan complicado. Otro día les cuento cuál de las cosas que juré no calzarme jamás será protagonista del look de servidora en esta ocasión. Que alguien me recuerde no volver a jurar…