Ya saben ustedes que si hay alguien sobre la faz de la tierra a quien le guste subirse a un tacón imposible, es a ésta que escribe. 
Me pirra esa magia zapateril que hace las piernas más largas y el trasero más firme. Amén de los beneficios psicológicos que ejercen sobre la autoestima… Aunque eso suponga arriesgar mi vida tropezando por esas bucólicas calles empedradas por el sádico ayuntamiento de turno (enemigo irreconciliable de los stilettos) mirando alrededor, murmurando y echándole la culpa de mi traspiés. Me da lo mismo. Todavía no ha nacido el funcionario que pueda conmigo. Lo que sí les digo es que ya tendría yo unas palabritas con algún concejal de urbanismo…
Lo que debo apuntar es que, por mucho que subirse a las alturas fashionistas sea la pera pirulera desde muchos puntos de vista, hay momentos en los que resulta absolutamente ridículo e inadecuado. 
Escalofríos recorren todo mi ser cuando veo a esas apretujadas quinceañeras de resumidas minifaldas tambaleándose encima de unas plataformas con tacón de medio metro y peep toe (muy elegantes), en un amago de ante de color indefinido. Que vivan Bershka y su calzado. Andan como si fueran montadas en camello… Pero sin camello. Visualizan?
Señoritas. Si no saben conducir, no conduzcan. Todo lo que pueden conseguir es partirse los piños. Desde aquí les mando un soplamocos (con cariño y voluntad educativa, eso sí) de parte de cada una de las madres de ustedes, porque estoy bastante segura de que no las vieron a ustedes salir de casa de esa guisa. Y si les vieron, y les dejaron a ustedes salir así, vaya otro soplamocos para ellas. 

Salir con el carrito del baby, de paseo dominguero, o a por el pan subidas a una atalaya taconil, no resulta ni apropiado, ni práctico, ni visualmente estiloso. Estar divina no pasa necesariamente por medir 10cm de más. Hay quien no sabe andar con tacones o a quien ni siquiera le gustan. Si pertenece usted a alguno de esos grupos, no insista. No hace falta. Al carajo con el tacón carrete.
Un zapato plano puede resultar igual (o más) chic que un tacón de infarto. Pero los medios tacones son el anticristo. Repúdienlos inmediatamismo. Sólo pueden acarrearnos un irrevocable destierro fashionista… Sólo se admiten si es usted la Reina Madre de Inglaterra o similar.
Apuesten por zapatos planos de cualquier color, excepto negros. A no ser que les guste el archiconocido y patrio efecto pie torero con manoletinas cucarachiles. En ese caso, adelante. 
Servidora los prefiere de colores vivos y con aderezos variados. Flores, piedras, brocados o lo que surja. Que hay suficiente variedad como para no tener que ponerse vestidos con botas en agosto. Que será muy cool, pero es una absurdez como un piano.

Ya les dejo, que entre los tacones pubertosos, las bailarinas negras y las botas de verano, hoy ya me he hecho medio millar de enemigas.