No me lo diga. Lo adivino. Se le casa un hijo y tiene que ejercer de madrina. Se columpia usted entre la ilusión loca y el miedo irracional al qué me pongo? Ah. Que no. Que la que se casa es su hija. Pues tampoco anda usted lejos de este drama de estilo. No se engañe. 
Frivolidad? Efectivamante, y qué? Después de despellejar el vestido de la novia, será usted la diana de todas las miradas y juicios fashionistas de la jornada, así que el tema es como para dedicarle algo de tiempo. Que no le importa? Enhorabuena. Que sí? Pues mucho ánimo…
Con la sincera intención de allanar el camino de la elección del modelito, les enumero una serie de consejos. Luego ya si eso me hacen caso o los tiran a la basura. Como vean.
1- Ubiquen el acontecimiento en el espacio-tiempo. Que no es lo mismo una boda a mediodía en el campo sentaditos todos en fardos de heno, que al atardecer en el salón de los espejos del palacio del Marqués de Pimpamfué. Para la que tenga dudas a este respecto que se dé una vuelta por aquí. A estas alturas ya se saben ustedes eso de que de día todo el mundo de corto excepto la madre del novio (si le place) y por la noche que cada uno haga lo que le pida el cuerpo.
2- Consensúen con la novia. Que no digo que haya que pedirle el beneplácito, pero sí unos principios básicos, a ver si la contrayente decide ir de corto en traje de chaqueta y aparece usted enfundada en una pedrería con cola. Y eso iba a quedar, como poco, raro.

3- Ponerse un muestrario de complementos rara vez es sinónimo de acierto. Elijan. Se siente. Creo que era Armani el que decía Está usted preparada? Mírese en el espejo. Quítese tres cosas. Ya puede salir de casa. Creo que el colega Giorgio tiene suficiente autoridad como para hacerle caso.

4- No es obligatorio ponerse tocado. Repito. No hace falta. La boda es igualmente válida. Que no le sengañen. Esa florecita con las dos plumas asomando detrás de la oreja es un engendro para cobrarle 200 euros más. Y además no le favorece a nadie. Si lleva usted tocado, llévelo en condiciones. Please.

5- El abrigo con vestido es un outfit exclusivo de nuestra siempre venerada Isabel II. No hay cosa más sosa que una madrina a la que le ha entrado calor bailando Macarena y se ha quedado a medio vestir con el vestido sin mangas. Para un día que hay que estar divinas, no pierdan la compostura a mitad del segundo pasodoble.
6- A un vestido sencillo siempre se le puede añadir una pamela, unos guantes, un broche… A un vestido exagerado sólo se le puede añadir un pero qué se ha puesto? Ténganlo en cuenta.

7- Póngase lo que le salga de la peineta, van a ponerle verde igualmente… Relájese y disfrute.