Hacía meses que, con esos logaritmos neperianos que hace Facebook para ponerle a una en el morro lo que más le pueda interesar del mundo mundial, aparecían en mi pantalla los links a los posts de un tío que se hace llamar Magnífico Margarito. Claro que sí. Uno se llama como le sale de la punta de la peineta.
Les advierto, no se líen. Ni es fotógrafo súper cool, ni colaborador de programa amarrillista, ni ex-concursante de reality. Desalojen de su cabeza bitácoras internetiles con temática fashionista, petarda o similar. Este caballero del que les hablo, resulta que tiene un blog en el que escribe. Así, sin más. Qué cosas. Está claro que la gente hace con la tecnología lo que quiere… Como con el Aquarius.
Al principio no le hacía mucho caso, que servidora es de leer en diagonal y a la velocidad de la luz, hasta que, un día, la insistente ventanilla del feisbu me pilló con tiempo. Consejos para una hija. Con partes I, II y III. Y fue empezar y no poder parar de leer, de sonreír de medio lado y de cabrearme con el mundo. Pero todo junto. A lo James Bond. Mezclado, no agitado. O era al revés. En fin. Hacer eso sólo con palabras, es un arte señoras, y este colega, al que no conozco de nada y que un día aterrizó en mi tablet, es un artista.
Me cuelo en el portal del señor Margarito y les invito a su casa a que pasen y lean. Los consejos paterno-filiales o lo que quieran. Sírvanse. Con toda mi jeta, porque reconozco que no he pedido permiso y que es poco arriesgado afirmar que ser recomendado desde un site como éste mío no llene al autor como lo haría un Premio Planeta. Puede que esos textos no sean los que más orgullo le despierten, o sí, la verdad es que no tengo ni idea. 
Pero, qué quiere que le diga caballero, no haberlos escrito, porque ahora servidora ya es fan, groupie, hooligan de sus palabras. Se siente.
Además, piense una cosa, los premios Nobel ahora salen en el Hola! así que puede que una reseña en un blog tal como éste, no sea tan mal presagio. No se enfade demasiado.
He encontrado a mi alter ego en versión literato contemporáneo. Él habla de temas serios y yo de petardeces de eso que llaman lifestyle, por no decir chorradas varias, que, es menos trendy, pero más exacto. 
Puede que si no fuera rubia natural con querencia irracional por los stiletttos, señor Margarito, usted y yo hubiéramos rivalizado en ironía, sinceridad y sentido común en los escritos. Gracias a Vogue, servidora se limita a vaguear sobre tonterías mientras que a usted no sólo hay que leerle, hay que pensarle. Muy señor mío, le alabo infinitamente la inconsciencia.