Esta es la historia de cómo el vestido de novia más sencillo del mundo dio vueltas y vueltas. Es la historia del vestido de Lucía. Y de su madre, Eli. Y, claro, de sus tías.

No puedo evitar que me salga la sonrisa cada vez que recuerdo a toda la troupe. No se me ocurren personas más distintas entre ellas, con opiniones y gustos tan diversos y que, a la vez, se respetaran tanto y les uniera tantísimo cariño hacia la novia. Vaya tres ángeles de Charlie tienes Lucía.

El vestido de gasa de seda con base de crepe y encaje bordado en plumetti tuvo como objeto de debate abierto el vuelo de la falda, si debería tener encuentros o no, la longitud de la manga, la blonda de la cintura, la transparencia de la espalda… Y, tengo que decir que trabajar con ellas fue tan divertido como discutido.

Ninguna se perdía una prueba. Qué gozada chicas.

Los pendientes con aro o sin él, y el broche antiguo sobre un tocado de pistilos en oro viejo… Para que luego digan que la sencillez y el buen gusto no tienen detrás un trabajo inmenso.

Aunque ninguna de las decisiones que íbamos tomando prueba tras prueba lucían tanto como la sonrisa de Lucía a medida que iba viendo cómo avanzaba su vestido.

Muchísimas gracias Lucía porque, además de una novia exquisita y preciosa, tu vestido se quedará siempre en mi retina como un trabajo del que me siento especialmente orgullosa.

Gracias, gracias y gracias. Una para Eli y cada una de sus hermanas.