El año pasado los ilustrados colegas de Pantone nos dieron la barrila largo y tendido con el orquidea radiante. El color del 2014. Un color precioso, no me digan. Me imagino diciéndole a mi marido… Cariño, para mi cumple quiero un jersey orquídea radiante… Y a continuación viene a mi mente la imagen de mi contrario cortocircuitando, echando humo por las cuencas de los ojos mientras expulsa espuma por la boca… 
Que digo yo que ya me gustaría saber cuál es la diferencia entre el radiante y el no radiante, aunque supongo que es esta incultura fashionista mía la que pregunta… En cualquier caso, le pongan el nombre que le pongan, aquel color era el rosa fucsia de toda la vida. Qué ganitas de complicarnos la existencia…
Bien. Como sabrán, este año los iluminados que eligen la tonalidad de moda, han decidido que el prota de nuestros sueños trendy de la muerte sea el marsala. Aha. Efectivamente. Así, a palo seco, como que no ubico… Menos mal que la decisión venía con imagen adjunta, llámenme inculta, pero yo pensaba que Marsala era un municipio italiano… 
Menos mal que Vogue habita en mi mesilla de noche y aclaró esta agonía mía: “a medio camino entre el rojo púrpura y el burdeos se ubica la tonalidad que conquistará el próximo año“. Tuve que leerlo cuatro veces. Esto es peor de lo que pensaba. Que Dior me perdone, pero yo juraría que eso es granate… 

Ya son ganas de enredarnos y de dejarnos enredar. Ahora que nos habíamos venido ustedes y yo arriba pensando que con el azul petróleo, el rosa ciclamen y el verde pavo dominábamos la carta de color holgadamente. Pues nada más lejos. Aún nos quedan muchas bobadas por aprender. 
Eso sí, me van a disculpar, pero no sé si conseguiré no poner los ojos en blanco mientras levanto la ceja y contengo la risa cuando, en 2016, algún entendidísimo me sorprenda con el color de moda.

Pero para que no digan que no colaboro y que soy una criticona incorregible, aquí va mi propuesta para miss colorín 2016 :  churumbel viajante. Un beige tirando verde en asiento trasero a punto de vomitar. No me digan que no lo va a petar…
Cuando pienso que es difícil inventarse una tontería aún mayor, van y me sorprenden. Tengo que aprender a no infravalorar a esta gente del mundo fashion. Tienen una creatividad muy suya, pero he de reconocer que muy desarrollada… 

La decisión de 2014 plagó las bodas de ese año de monos de crepe de poliéster en color rosa furcia, así que he perdido la esperanza y me temo lo peor para este 2015. 
Sólo hay un rayo de luz que alumbra este drama. Una única opción que no me parece tan mala para el tema festivalero de 2015: la combinación zapato-pedicura granate. Perdón. Marsala.