Vino desde tierras vecinas, desde Gipuzkoa. En cada prueba aparecían ella y su amá, al principio serias, pero según iban pasando los meses, relajadas y sonrientes. Es lo que tiene esta historia, que se empieza así en frío y se acaba con media lágrima asomando y con un abrazo de libro. Ella se llama Nerea.

Sencillo, sobrio, elegante… pero qué tal si ponemos un poco más de escote? Y los apliques? Abrimos, cerramos… Las cosas más sencillas llevan muchas decisiones detrás… 

Perdí la cuenta de las veces que repasamos su madre y yo el sistema de cierre del vestido, no por complicado, eran los nervios… Amá, ponte las gafas…

Crepe de seda, gasa y apliques de cristal. Ese punto de inspiración de ballet y, lo mejor, esa sonrisa que asomaba poco a poco y al final era irreprimible. Porque ese vestido eras tú, Nerea. Ese traje de novia te acompañaba, pero solo eso.
Recuerdo tus zapatos en color acero y el tocado de cristal, de la misma colección que los apliques… Te recuerdo siempre tranquila y tirando hacia abajo el pico del escote…

Nerea es la prueba de que está todo inventado, pero de que la sencillez es lo que más se acerca a la perfección y a la elegancia.
Ahora me dirijo a su marido. Señor esposo de mi Nerea, hágame el favor de mirarla siempre así. Paso lista y soy muy intransigente en este punto.
Eskerrik asko zuri.