Es un denominador común entre muchas de las novias de 2015: todas quieren una espalda de vértigo. Y todas quieren llevar sostén. Y que sea cómodo, claro. Y a poder ser que sea de encaje… Que digo yo que ya puestos a pedir, yo quiero un helicóptero. De color rosa. Porfa.
Vamos a ver, que esto no es opinión, que es física pura. Si no quieren ustedes una emancipación total y absoluta de sus pectorales de ustedes para algarabía de sus invitados, habrá que calzarse un sujetador. No me digan lo de las cazuelas cosidas al vestido otra vez porque no respondo…
Imagínense levantando los brazos para bailar el Macarena de turno… Hale, ya está. Todo fuera.  Tolón-tolón. Entienden ahora?
Espaldas de infarto? Yes, please, pero ojito con los milagros. Ya son unos cuantos años investigando sobre ingeniería íntima y hay algunos inventos que reconozco que funcionan relativamente bien. Ahora, les aviso, si se les ocurre quitarse el vestido y quedarse de esa guisa delante del recién estrenado esposo, les aseguro, como poco, que esa noche no consuman.
Hay una de mis novias que les llama coquitos… Escucharla e imaginarme a Balú de El libro de la selva es todo uno. Seguro que es una referencia visual que cualquier mujer necesita para el día de su boda. Fijo.

Dos cuencos marrón claro con textura de muñeca hinchable que se adhieren como lapas a la delantera de una. No me dirán que no suena sexy a tope. Por si les pareciera poco drama, se atan entre ellos para un efecto más estático. No tengo datos fiables porque no he probado el invento personalmente, pero me cuentan que hay quien ha recogido alguno de estos apliques cuasi ortopédicos de la pista de baile. Como comprenderán, no pregunté más.
Lo de las copas de silicona (nombre técnico), es apto hasta la talla 85 en mujeres de estilo bailongo comedido. 

Hay sostenes de copas normales en los que sólo se adhiere parte del contorno, una especie de alitas a ambos lados. Feos como un demonio, pero que aguantan hasta una 90. El drama no está en ponerlos, sino en quitarlos. Lo que les ponen no es pegamento, es algo sobrenatural. Lo dicho, esa noche no hay tema.
Por último están los alargadores, unas cintas largas que se cruzan por la espalda casi a la altura de la cintura y se atan en el ombligo. No ha nacido todavía la mujer a la que no le saquen un michelín tamaño rueda de camión cisterna. Ideal para sentirse estilizada.
Que digo yo, que no será mejor dejar que la gravedad y la inercia ejerzan su magia y nos dejemos de pegotes varios? O mejor, que dejemos de creer en los milagros?