Estamos a lo que estamos. 
-Ni la pereza del escote barco en mikado de seda, ni lo excesivo del corsé de pedrería:
Que no van ustedes a ordenarse religiosas, pero tampoco a entregar un premio de la MTV.
-Ni los kilómetros de minivolantes de organza, ni la abertura con pierna dislocada a lo Angelina Jolie:

 No hace falta mutar en Scarlata O’hara, lo cual no significa tener que emular a Gilda.
-Ni el encaje barato en bobina de 300 metros, ni la pedrería de plástico a granel:
Un día es un día. Y, normalmente, ese día es caro. Correr el riesgo de parecer una blonda de pastelería o una bola de discoteca no creo que sea lo que están ustedes buscando.
-Ni la falda con volumen capaz de albergar a los 7 enanitos del bosque,  ni apretar hasta el punto de cortar la circulación: 
Entre parecer una pitufi-casa con forma de seta, y cortar la circulación de las piernas, les aseguro que hay muchos puntos intermedios.
-Ni revivir la Primera Comunión tapada hasta la barbilla, ni enseñar hasta el elegante piercing del ombligo: 
Sugerir, no ofertar. Creo que aquí no hace falta demasiada aclaración…
-Ni ir de innovadora con un vestido amarillo pollo, ni ser la enésima novia en copiar el vestido de la página 93:

Por favor, por favor, por favor. Sean ustedes mismas. 
No pretendo decirles cómo tienen que vestirse, sólo les recuerdo que hay miles de millones de opciones y que cada una de ustedes tiene que encontrarlo en ese infinito espacio que está entre la ñoñería y la exageración… Ya saben: Ni Lady Di, ni Lady Gaga…