Este post iba a titularse “Mi dilema del mes de octubre” pero es que resulta que no había dilema, esta vez lo tengo clarísimo: ni muerrrrrrta, señoras. Que una cosa es no querer calzarse andamios de 12 cm, pero otra bien distinta es que el Cabo Quintanilla del cuartelillo de la Guarcia Civil de Matalascañas lleve un calzado más femenino que servidora. Y por ahí no paso.
Entre la capa de mariachi siberiano que comentaba aquí, y esto, no me extraña que el otoño no quiera llegar. Me veo en chancletas hasta Reyes.
Una rápida rueda de reconocimiento por un par de tiendas del mismísimo centro han bastado para darme cuenta de que, no es que un diseñador iluminado haya elegido a Frankestein como musa de temporada, no, es que todos se han puesto de acuerdo en calzar a la familia Monster.
Lo primero que me dio por pensar es eso de que “serán muy cómodos“. Pero deseché la idea en el momento que vi la suela de 5 cm de grosor. Hay Gigantes en las fiestas de mi pueblo con suelas más finas. Vale, yo no tengo pueblo, pero la comparación era bastante gráfica…

Volviendo al tema; estaba horrorizada. Pero mi angustia vital no se quedó ahí, qué va. De repente vinieron a mi vista unas botas forradas de borrego y pensé “si esto lo venden aquí… Qué carajo les venden a las de Noruega?“. Mi no entender.
No son bonitos, no son cómodos, no son femeninos… Qué hemos hecho para recibir semejante castigo?
El año pasado teníamos que sufrir con peep toes todo el invierno y ahora tenemos que disfrazarnos de Barbie Comando. Pura lógica fashionista de ésa que tanto me gusta. O me sobra un casco o me falta un soldado… Que decía mi padre.
Ahora ya saben, vístanse de portada de revista de canto gordo y cálcense unas zapatronchos dignos del escaparate de ortopedia más it de la ciudad. Es lo que se lleva…
Cada vez entiendo menos. 
Imágenes vía Pinterest