Hola. Me llamo Sofía y soy adicta. 
Llevo dos años, cuatro meses y cinco días sin comprar pañuelos de seda natural, pero siento que voy a recaer. Lo veo venir… He intentado superar esta debilidad fashionista con sucedáneos de poliéster, pero lo único que he conseguido es una bonita urticaria (y bajar varios puntos en mi escala personal de glamour). No me reconozco…

Dicen que las adicciones tienen , en su mayoría, un origen en algún trauma de la infancia.
Será eso… Recuerdo el cajón donde mi madre guardaba sus pañuelos. Resultado de una trabajadísima recolección atesorada como souvenirs de viajes. Cómo resbalaban entre ellos y lo difícil que era dejarlos como estaban y que no se notara que servidora había andado enredando por allí… 
Con mucha suerte, en una de mis millones de afonías, ella me anudaba uno al cuello que no desentonara demasiado con el uniforme. Claro, teniendo que hacer juego con la falda de príncipe de gales, no había manera de calzarse los de colorines, que eran los que me molaban. Acabé por cogerle manía a aquel azul marino con estampados hípicos…

Dicen que las embarazadas ven premamás everywhere, pues mi situación viene a ser parecida. En ocasiones veo pañuelos. Y no se crean que es en el cuello de la anciana que toma cafés de tres horas en la cafetería junto al parque. Que no. Que no va por ahí… Que resulta que ahora son trendy. 
La gracia del tema, más allá de hacerse con pañuelos en condiciones, está en colocarlos en lugares no transitados habitualmente por este tipo de aderezos.

Saben ustedes esos pañuelos tamaño kleenex que le regalan a una por no sé qué gestión… Monísimos ellos, pero igual de escuetos que bonitos. Pues bien, anúdenlos donde sea. En el bolso, en la trabilla del pantalón vaquero, en el reloj o en la patilla de la gafa. Da lo mismo, pero lúzcanlos. Son lo más… Ojito, eso sí, con el efecto azafata: eviten colores lisos y rayas. 
Una vez aprobado el primer nivel, pueden ustedes pasar al tamaño cuadrante de cama de toda la vida. Cinturones, diademas, gargantillas, bufandas… Con un poco de práctica, serán usted capaces de hacer súper cool hasta el chándal de felpa.

Ahora bien, en esto, como en tantas otras cosas, hay que invertir. O eso, o arrasar en el cajón de los pañuelos de madre. Eso ya lo deciden ustedes…