Parece que Marzo nos da tregua después de otra semana de lluvia y frío. Nos ha dejado clarito que de primavera todavía, nada de nada. Que, como mucho, nos deja guardar el plumas, pero que para lucir trikini-tanga, aún quedan meses. Los justos y necesarios para que nos pille el toro en la operación dieta, eso sí. No vayamos a perder las buenas costumbres…
El caso es que en los escaparates habemus ya outfits dignos de pareo y hamaca, y, claro, se nos van poniendo los dientes largos y la cabeza empieza a echar humo cavilando coordinaciones tan antinaturales como las botas altas con shorts de lino (y autobronceador, claro). 
Es esta temporada entre Pinto y Valdemoro la que más cadáveres deja por el camino, y no lo digo por las epidemias gripales, que también, lo digo por los atentados a la moda que se ven por la calle. Soy consciente de las ganas de calorcito que flotan en el aire, pero lucir vestido de verano con medias y katiuskas puede considerarse delito según en qué barrios.
Para satisfacer temporalmente esa imperiosa necesidad estival, este año tenemos un recurso bastante apañado, oigan: los pantalones estampados, o con brillos, o de cuadros XL, o de osos amorosos (lo juro, los he visto).
Definición del invento: pantalón de corte chino, no demasiado repegao, por encima del tobillo y con tejido del estampado menos discreto que encuentren.
Coordinación estrella: con camisas de algodón o jerséis de punto rollo oversize en este amago de primavera que estamos sufriendo, y con tees con mensaje para cuando aprieten los calores. Olviden esto último si viven de Burgos para arriba.
Tacones: sí o sí. 
Ejecutivos de verano: ni en sus sueños. Preguntar eso a estas alturas…!!
Bolso: da lo mismo, puede ser de plástico del Mercadona, será eclipsado por las piñas tropicales, las lentejuelas tornasol o las flores hawaianas, pero metan un gelocatil o similar dentro para paliar los efectos del punto anterior.

Soy consciente de que de aquí a los tirantes hay un caminito largo, pero hombre, por algún sitio hay que empezar…
Difícil no es que sea, ahora bien, les advierto que no vale el típico pantalón marino con rombitos tamaño lenteja que hay doblado en alguna mesa central de los dominios inditexeros. No fastidien. 

Ya ven que con los pantalones estampados pueden usar el comodín de combinar colores de la misma gama. Llegados a este punto sé de más de una que respirará tranquila después de haber estado descoordinando colores después del post del jueves pasado.
Más les voy a decir, si están ustedes con el mono fashionista, es probable que, a jueguito con el pantalón de marras, encuentren chaqueta, top, camisa y hasta orejeras. Ya saben que el co-ord nos viene persiguiendo desde hace un par de meses… Lo mismo me retracto de aquel post y ahora tengo que hacerme fan…

Mientras me lo pienso, ya saben, a comprar un pantalón raruno.