Se avecina tormenta social… Cenas de empresa oficiales, extraoficiales, de antiguos compañeros, de amigos expatriados, de madres de la parada, del curso de preparación al parto, del club de pádel, de primos lejanos, de amigas de la infancia y, si me apuran, hasta de ésta su comunidad. 
La Navidad empieza en noviembre con la primera cena sacada de fechas. Eso es así. Ya vamos tarde. Y es tan cierto como que queremos estar absolutely divinas en cada una de ellas. Y tan verdad como que al 100% de ellas acabarán ustedes calzándose el abrigo negro. Me equivoco? Tantas horas de Vogue, para esto…

El caso es que no estoy segura de si por culpa de la crisis o de las pocas ganas que tenemos de sentarnos a la mesa con algunos de miembros de esas sectas que se multiplican en diciembre, cada vez optamos más por eso de tomar algo y dejar las cenas para la familia titular. Muy bien. Muy práctico.
Se ha pasado usted media tarde pensando en el modelito de rigor para hacer rechinar algún que otro diente y resulta que no va a poder quitarse el abrigo. No problem. Con lo que se ha ahorrado usted en gambas y croquetas variadas, cómprese un abrigo navideño.

No me miren así, que lo digo en serio. Por debajo como si se ponen un chándal con pelotillas, pero para abrigarse, una dosis de brillo, piel y pluma siempre es bienvenida.
No me lo digan, que ya sé lo que están pensando… Es un abrigo que no puede una ponerse muchas veces sin que acaben por confundirles con Rodolfo Sancho en “Isabel“… Vale, pero tengo comodín: en esas quedadas nunca se coincide con la misma gente. 100% de colegas impresionados por el módico precio de un sólo abrigo.
El abrigo azul del que les hablaba hace unos posts no vale. Ese es el de diario. No se escaqueen… Necesitan ustedes uno con bordados, piedras y algo que brille. Luego, les dejo ir con zapato plano si quieren. Para que luego me digan que soy exigente…
Piensen en ese momento, en el que la guapa de la oficina se acerca al grupo con su chaquetilla de cuero minúscula sobre su VVVLBD (very very very little black dress)… Y entonces arriban ustedes con el abrigo maravilloso. Monina, arrodíllate ante mí… Si además, en un alarde de poderío fashionista, lleva usted guantes, ofrézcale su mano para que la bese y mantenga alta la barbilla…
Ideales y además abrigadas. Se acabó eso de pasarse las fiestas kleenex en mano por haber lucido jersey con lentejuelas de Zara. Un poco de dignidad, por favor… Y me refiero tanto al hecho de abrigarse como al de renunciar a los brillismos inditexeros…
Largos, cortos, de piel, de paño… Lo que quieran, pero con un punto exagerado. Además, piensen en la utilidad para la comunidad: si se pierde alguien del grupo es usted muy fácil de localizar.

Hale. Ya tienen ustedes deberes.