Después de tantos años abducidas por el rosa nude, ahora que empezábamos a cogerle el truco, que habíamos entendido que no es que fuera poco favorecedor, es que era etéreo… Ahora que incluso éramos capaces de combinarlo con otros colores… Zas. Cambio radical. Si es que les tengo dicho que no se confíen…
Nos cambiamos de acera, pero seguimos en el mismo barrio, el de los pasteles… Si antes era niña, ahora toca niño: azulito, que diría alguna madre ñoña en el parque.
Hace un par de días les manifestaba a ustedes mi gozo por la posibilidad de que la moda nos deje abrigarnos este invierno. Hoy, no llega a tanto mi algarabía, pero confieso que el ojillo se me ha venido arriba al cambiar la chaqueta beisbolera (rollo mi novio es yankee y yo molo mogollón) por algo más femenino.
Abrigos azules. Eso sí, cuanto más peludos, oversize, y con aire monstruo de las galletas o Sulley de monstruos S.A., mejor. Qué se creían? Que iba a ser fácil?

 

Recuerdan ese abrigo camel que compraron el año pasado? Pues ya no vale. Se siente. Ahora tiene que ser azul. Clarito, para más señas. No vale marino. Trampa, trampa, trampa.
Si hasta ahora hemos tomado como inspiración fashionista a los Kiss, las tachuelas everywhere, y las botas moteras… Ahora les recomiendo un intensivo de Mi Pequeño Pony, Cenicienta y Los Osos Amorosos para ir cogiéndole el punto a la tendencia.
Azul con azul, azul con gris, azul con marfil, azul con negro… Posibilidades tiene unas cuantas.
Lo que no sé si termino de digerir es eso de la textura albornocera. Es que de peques tenía una bata de ese color y cada vez que veo outfits con el peluche en cuestión, sufro flashback. Pero eso es una tara mía personal, señoras. Que no les afecte…

 

Se imaginan a una de esas mujeres que visten aburrido traje gris con camisa blanca, de ese tipo de mujer que va corriendo a todas partes… Con un abrigo azul pastel de borreguito? Yo sí. Y me daría la vuelta al verla pasar y le aplaudiría. Ojalá me la encuentre y vuelva a tener esa sensación… La de que lo estamos haciendo bien.