Joana es veterinaria. Y emprendedora. Y una de mis novias más carismáticas. Y una de las razones por las que a mis novias les llamo cariñosamente “mis locas”.

Siempre sonriente, risueña y estresada, decidió que 2016 sería un gran año, montó su negocio contra viento y marea, se casó y contagió un poco de su caos a todos los que estuvimos cerca. De ella me quedo con el baobab, las sábanas de Frozen, la trenza que no le gustaba a Isabel, los zapatos verdes, la falda de Miriam, el terrario de la clínica, los meseros de animales y las dudas de la última semana.

Su vestido de novia comenzó por un flechazo, Joana se enamoró de un encaje de color champagne que fuimos trabajando por piezas. Ella les llamaba líquenes, no pregunten… El resto, un escote espectacular y tul al tono. Uno de esos vestidos con nombre y apellido, uno de ésos que sólo tienen una dueña.

Una gran boda, sí señor.

Gracias Joana, Isabel y Miriam por todas esas sonrisas que dejasteis aquí y que tanto echo de menos.

Fotografías de Inma Fiuza